
Los Sencillos eran Miqui Puig. A pesar de la imagen actual que se pueda tener de él por sus apariciones televisivas al estilo Simon Cowell, el señor Puig es un compositor como la copa de un pino, un letrista sobresaliente y un melómano siempre pendiente de innovar y de no repetirse. Desde los inicios mods de Los Sencillos hasta el pop orquestal de su segundo disco en solitario, ha tocado muchos palos (como todo ser humano, se ha equivocado bastante), y siempre más como fan que como músico.
El último disco de Los Sencillos, con el magnífico título de Colección de Favoritas, data de 1999 y es lo mejor que hicieron. Un compendio en el que caben el disco, el soul, el funk, el rock y algunos toques electrónicos para formar una obra pop singular. En el disco se suceden menciones a sus obsesiones (sus favoritos), como Audrey Hepburn, Sandie Shaw, los Pet Shop Boys, Elvis, Camilo Sesto e incluso Le Mans (de los que directamente coge una frase de Un día gris en la ultrapop Mi casa) Arreglos por todos lados, programaciones, letras melancólicas que hablan de finales y tiempos pasados, pero también de fiestas, celebraciones y amigos... Un disco del que nunca me canso y que cada vez que recupero me encuentro algo nuevo. Tiene hitazos de la talla de Todo va bien (de momento), Viva acid house, y Drama, y casi no hay canciones de relleno. Esta edición inclue, además, un remix de Todo va bien y una versión de Gloria, de Umberto Tozzi, con homenaje a A-Ha. Vamos, que es como una peli de Tarantino, las referencias son innumerables. Una despedida por todo lo alto de un grupo que podía haber sido superventas en los 90 y optó por hacer lo que le salió del higo (como, por ejemplo, los Piratas)
